jueves, 6 de junio de 2013

POSGRADO SOBRE CENTROS RESIDENCIALES DE INFANCIA Y ADOLESCENCIA

Alaska, 5 de junio de 2013, 


El próximo octubre voy a participar en un Posgrado de la Universidad de Barcelona sobre Acogimiento Residencial en Centros de Protección a la Infancia y Adolescencia (los conocidos como CRAE). La dirección del Posgrado corre a cargo de Ana Avellaneda y Carme Buisán y participan siete profesores además de otros colaboradores. 
Está dirigido a los equipos de profesionales de esos centros y también a  profesionales interesados en el tema, con el objetivo de trabajar sobre los modelos educativos, de organización y atención.
Yo no soy un experto en CRAE ni mucho menos, aunque haya trabajado en uno hace años y tenga contacto con algunos centros por mi trabajo en los Servicios Sociales. Pero me apetece muchísimo la pequeña parte del programa que me va a tocar. Una apuesta por las TIC y las redes sociales en los centros: La identidad digital, la comunicación externa e interna, los proyectos 2.0, las posibilidades educativas y artísticas de la red, etc. 
La formación será semipresencial y con un número máximo de 25 participantes. La selección de los candidatos, a partir de solicitud y entrevista personal, en este email: aavellaneda@ub.edu . 
Iremos informando. 
***


Leo en El País que el ayuntamiento de Barcelona ha detectado 2.865 escolares con malnutrición. Son muchos y es muy mala noticia. 
Creo que se imponen dos cosas:
La primera, que los sistemas de detección y los instrumentos que se utilicen sean lo más científicos posible. Esto es, que sean objetivos, rigurosos y eficaces y que puedan ofrecer datos contrastados. Que puedan acercarnos también el origen de esa malnutrición. Creo que, para ello, la coordinación entre pediatría, escuela y servicios sociales es básica (me da la impresión, igual equivocada, que eso es más sencillo en los pueblos pequeños que en las grandes ciudades).  
La segunda, no podemos permitir que haya un solo niño desnutrido.  
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De Cartones y hombres, de Factoría Los Sánchez, vuelve mañana al Almazen en la última representación de la temporada. ¡No se la pierdan!













 El

miércoles, 22 de mayo de 2013

DIALOGANDO CON ALUMNOS




Alaska, 22 de mayo de 2013,

A partir del post ¿Quién hay ahí?, alumnos del Grado de trabajo social de la Universidad de Lleida, animados por su entusiasta profesora, Alba Pirla,  han iniciado un interesante debate. Mis respuestas están en cursiva. 
Antes de nada felicitaros por la iniciativa y por la calidad de las preguntas. Aunque solo sea un aficionado del tema,  intentaré que las respuestas estén a la altura. Es una buena noticia que se produzcan estos diálogos entre estudiantes y profesionales en activo.


Hola Sera. Somos alumnos del Grado de trabajo social de la UdL y hemos estado trabajando sobre el post en pequeños grupos. Aquí van nuestras reflexiones, críticas y preguntas: 


1.En el texto aparece la frase: "Nos hace creer que somos nosotros los que decidimos. Nos hace creer que nuestro "yo" consciente es el que manda". A partir de esta reflexión del autor nosotros nos preguntamos: Si inconscientemente es como tomamos la mayoría de nuestras decisiones, ¿para que intentamos mejorar nuestro "yo consciente"? 

R. Nos puede servir para saber que, para algunas decisiones, vale la pena tomarse su tiempo y “subir” al plano consciente lo que de otro modo seria inconsciente. Hay formas de entrenarse para esto. 
También está bien saber que hay decisiones donde la razón y el “yo” solo son un estorbo (desde conducir a jugar al fútbol).  


2. Creemos que la neurociencia es claramente compatible con los Servicios Sociales, además de parecernos verdaderamente interesante. Ahora bien, también creemos que es un campo bastante desconocido y que antes de pasar a implantarlo en nuestra área profesional deberíamos estudiarla mucho más. Esto nos aportaría a nuestra profesión poder implantar criterios razonables en nuestras intervenciones, además de aportarnos herramientas a la hora de poder entender determinadas conductas de nuestros usuarios. 

R. Totalmente de acuerdo. Aunque,  de ahí mi insistencia en el tema, las aportaciones no vendrán por generación espontanea, mucho menos con la indiferencia  hacía la ciencia que mostramos a menudo los que nos dedicamos a lo social. Es cierto que falta saber más, pero la psicología evolutiva, por ejemplo (prima hermana de la neurociencia) ya nos está dando muchas pistas aplicables en la actualidad. Solo hace falta afinar el oído.  


3. No creemos que todo lo expuesto en el artículo sea falso, pero tampoco creemos que la neurociencia sea la razón de todo. Creemos que esta ciencia aún tiene que evolucionar mucho más para poder encontrar otras justificaciones más racionales a los comportamientos humanos. 

R. No hay nada expuesto en el artículo que sea falso. Tampoco se dice en ningún momento que sea la razón de todo. 
Que la ciencia tiene que evolucionar (cualquier ciencia, incluidas las llamadas ciencias sociales) es algo indiscutible. La ciencia, por definición, siempre evoluciona, negando o mejorando los descubrimientos anteriores. En lo que no puedo estar  de acuerdo, y desde luego la ciencia tampoco, es que tenga que hacerlo “para poder encontrar otras justificaciones más racionales a los comportamientos humanos” . La ciencia ha de buscar la verdad. Que lo que encuentre nos guste más o menos es otro tema. Por cierto, yo creo que lo que encuentre siempre será una explicación racional.  


4. Creemos que lo que se expone en el texto es totalmente cierto ya que nuestras decisiones están determinadas por muchos factores. Si es cierto que la complejidad del cerebro es muy elevada y podía tener razón (la neurociencia), pero a la vez creemos que al ser una ciencia tan novedosa debería estudiarse más. No vemos directamente relacionada la neurociencia con los Servicios sociales. 

R.  ¿La neurociencia tendrá algo que ver con los Servicios Sociales?. Aparentemente no, es cierto. Entiendo vuestro escepticismo. Pero, en realidad, ya tiene que ver, y mucho. Cuando derivamos a alguien a un psiquiatra o insistimos en que una persona se tome su medicación, por ejemplo, estamos reconociendo que hay algo en su comportamiento que está más relacionado con la química de su cerebro que con el medio.


5. Nos parece interesante que finalmente se inicie una línea de trabajo entre el mundo científico y el mundo de las ciencias sociales y los servicios sociales en su intervención. La teorización, reflexión y afán de mejora, siempre son positivos. Aunque tenemos algunas dudas en relación al texto. Comentas que no es fiable reducir los servicios sociales a indicadores y criterios pero los resultados que la neurociencia aportará ¿no serán sino datos e indicadores puros?. Así mismo, comentas que Pinker no es determinista, pero tal y como hemos expuesto, ¿un test o una prueba no ofrece un resultado determinista?

R. Lo que quería decir es que los indicadores y criterios son necesarios pero están basados en una concepción del ser humano determinada. Si la neurociencia o la psicología evolutiva y experimental, entre otras, nos acercan a un conocimiento mayor del ser humano, puede que esos indicadores y criterios sean cada vez más acertados.
Una prueba, o un experimento (supongo que os referís a eso) ofrece datos, efectivamente, pero no tiene que ser determinista o ofrecer necesariamente resultados que digan eso. Muchos experimentos en psicología demuestran que la mayoría de personas delante de una situación X se muestran de una forma y no de otra. Eso no quiere decir que todas las personas lo hagan, pero sí que nos puede hablar de qué tendencias innatas tenemos. 
Pinker, a pesar de hablar de genes y evolución, reconoce la importancia del medio ambiente en el comportamiento humano. Suelen ser las disciplinas sociales como las nuestras las que ignoran a los genes y la evolución. No al contrario. 


5.1. -Aceptar el resultado que la neurociencia puede aportar a los servicios sociales sea positivo o negativo forma parte del juego, no solo si nos asegura resultados a favor.

R. Quizás no me he explicado del todo bien en el post. Es cierto, como contestaba antes, la ciencia busca la verdad, nos guste más o menos. Pero la ciencia no es la que prescribe las normas y leyes de la sociedad. Eso es fruto del consenso entre los humanos. Lo que yo decía es que los aplicación de esos descubrimientos, sean los que sean, en mi opinión solo serian éticamente aplicables en temas sociales si ayudan a mejorar la calidad de vida de las personas y ayudan a crear una sociedad más justa. 
Un ejemplo que creo que aclara las cosas: los derechos humanos son innegociables, diga lo que diga la ciencia.


5.2. Ya que en la actualidad el tema comunitario ha tomado mucha fuerza, ¿qué aportaciones puede proporcionar algo tan individual como el estudio neurocientífico de una persona? 

R. ¿El tema comunitario ha tomado mucha fuerza? ¿En los servicios sociales? Eso sería muy discutible, pero supongamos que sí. Desconozco los trabajos al respecto de la neurociencia, si los hay , pero la psicología evolutiva y la ciencia experimental si que han dicho ya cosas muy interesantes sobre los comportamientos de los grupos y las comunidades.   

6. ¿Cómo una explicación científica puede definir las relaciones familiares si cada individuo es distinto? Si desde el trabajo social se defiende que se debe tratar a cada usuario de manera individualizada, ¿Cómo pueden seguirse explicaciones científicas que lo que hacen es definir un patrón de conducta que nos hace a todos iguales? 

R. Niego la mayor, las explicaciones científicas no definen un patrón de conducta que nos hace a todos iguales. Simplemente reconocen que la naturaleza humana es muy compleja,  fruto de cuestiones innatas, de interacción con el medio, y de variables hasta ahora desconocidas. Saber que no solo nuestros padres, profesores, amigos o contexto nos condicionan, sino que también lo hacen nuestros genes y miles de años de evolución, creo que es importante.


7. ¿Puede la neurociencia estandarizar aún más la percepción sobre la persona? 

R. La ciencia descubre las cosas en las que nos parecemos los seres humanos, es cierto. Como especie nos parecemos mucho. Pero también descubre en qué cosas somos únicos e irrepetibles.


8. Creemos que complementar la intervención social con la neurociencia nos daría una mayor credibilidad y nos igualaríamos tomando más fuerza frente a otras disciplinas. 

R. No sé si eso nos daría más prestigio pero sí más sabiduría. Yo lo diría de otro modo. Ya es hora de que se acabe con la separación artificial entre humanidades y ciencia.    


9. Nos surge la duda sobre si el usuario no tiene responsabilidad sobre sus actos, ¿con qué o con quien se va a intervenir? No siempre podemos modificar el medio.

R. Es uno de los meollos de la cuestión. La responsabilidad del individuo. Los neurocientíficos más extremos niegan que exista el libre albedrío, pero eso es una cosa, y otra es que el sistema legal, por ejemplo, exima de responsabilidad a un individuo. Algunos de esos neurocientíficos responden que, aunque eso fuese así, habría que seguir actuando como si el libre albedrío existiera.
En nuestro trabajo sucede algo parecido, no eximimos a un padre que maltrate a sus hijos, por ejemplo, aunque deduzcamos que ese padre está condicionado por haber sido maltratado a su vez en la infancia.  Comprender no es justificar. 
 Algunos descubrimientos quizás no cambien necesariamente las leyes o las normas que los seres humanos nos damos. Aunque si esos descubrimientos pudiesen mejorarlas, ¿porqué no tenerlos en cuenta?.
De todas formas el margen de maniobra de la educación siempre será importante. Cuando unos padres controlan las amistades de su hijo adolescente, porque saben que para él su grupo de iguales es lo  más importante, están incidiendo de algún modo en su comportamiento y relaciones futuras. 


Muchas gracias a todos los alumnos que habéis participado en este post por vuestras preguntas y comentarios. Enhorabuena también a vuestra profesora por proponeros este tipo de experiencias.  
Un abrazo.



jueves, 16 de mayo de 2013

¿QUIÉN HAY AHÍ? . NEUROCIENCIA Y SERVICIOS SOCIALES.



Alaska, 16 de junio de 2013,

Observa esta imagen. Cierra tu ojo izquierdo y clava tu ojo derecho en el rombo . Ves acercándote y alejándote de la imagen hasta que veas como desaparece el círculo blanco de la derecha. ¿Curioso, no? Se trata del “punto ciego” de cada ojo. Lo asombroso, y mientras más hago este ejercicio más me asombro, es que en el lugar donde el círculo desaparece no vemos un agujero, un vacío,  sino el fondo negro y uniforme de la imagen, como si el círculo no estuviera allí. Es decir, el cerebro “suple” la información que no da el punto ciego. Nos hace ver algo que no existe, algo que él quiere que veamos.

¿Qué tiene que ver esto con los servicios sociales? ¿Y con la educación social? Quizás nada. Probablemente, todo. Pero antes de entrar al trapo, mira esta foto:
¿Te parecen unos ojos atractivos? En un experimento reciente se mostraron fotos de mujeres a un grupo de hombres y se les preguntó cuales les parecían más atractivas. Todos coincidieron bastante en sus elecciones pero no supieron justificarlas. Simplemente les gustaban más. Lo que ninguno sabía es que habían escogido aquellos rostros de mujeres que presentaban los ojos dilatados, signo de una mayor predisposición sexual. Es decir, el cerebro había escogido antes por ellos. Y esto es solo un juego de niños. Se ha demostrado que la elección de políticos tiene que ver más con su imagen que con su discurso.  Aunque pocos electores lo sospechan. ¡Glups!.

Lo que la neurociencia está descubriendo cada vez más es que nuestros sentidos no son infalibles. Lo que vemos y la lectura de lo que vemos no es exactamente lo mismo que lo que es y sucede en la realidad. El cerebro actúa y decide por nosotros y luego nos ofrece explicaciones más o menos razonables con las que argumentamos nuestras decisiones. Explicaciones que poco tienen que ver con la realidad. Nos hace creer que somos nosotros los que decidimos. Nos hace creer que nuestro “yo” consciente es el que manda. Y esto sucede no solo en cuestiones más o menos mecánicas o instintivas, sino en la toma de decisiones importantes de nuestra vida. En esto Freud se acercó bastante (el inconsciente), aunque se equivocó en su explicación del mecanismo porque no tenía los instrumentos que tenemos ahora para observar el cerebro.

Los servicios sociales se estructuran entre otras cosas para reducir la subjetividad y la arbitrariedad de los profesionales: Indicadores, normas, criterios económico-sociales, protocolos. Está bien que así sea. Aunque esto no es infalible. Esas mismas estructuras están creadas por personas y se deciden a partir de un concepto de la naturaleza humana. Pondré un ejemplo muy burdo, para que se me entienda. Quizás en tu servicio esté establecido el criterio, escrito o no, de que alguien que está siempre en el bar no merece una ayuda económica de subsistencia. Pero ese criterio puede variar en función de la responsabilidad sobre esa conducta que supongamos a la persona. No es lo mismo pensar que X es responsable de lo que hace y que podría no hacerlo (se queda sin ayuda), que pensar que es responsable, pero que quizás no puede dejar de hacer lo que hace (recibe ayuda económica y también ayuda para variar su conducta) o que no es en absoluto responsable.
Otro ejemplo: escribes un informe social para el departamento de Infancia. Escribes, y no te tiembla el pulso, que la madre X es manipuladora y miente sistemáticamente sobre lo que le pasa. Es una posibilidad. La otra es que te cuestiones si X miente o simplemente su cerebro le está ofreciendo una explicación razonable a lo que le pasa. Miente, pero sin saber que miente. Te temblará el pulso.

Si sigues pensando que los descubrimientos en neurociencia o psicología evolutiva no nos conciernen, lee a Steven Pinker. Resulta apasionante como este gran psicólogo explica las relaciones familiares a partir de la genética y la evolución. Desde la relación entre los hermanos (¿sabías que el primogénito suele ser conservador y peleón, mientras al segundo no le cabe otra que ser apaciguador y tolerante?. Yo no, pero ahora entiendo algunas cosas de mi propia familia) a la probabilidad, estadísticamente más alta que en otros supuestos, de que los padrastros maltraten a los hijos de su nueva pareja (por una cuestión evolutiva: queremos, la evolución quiere, que nuestros genes tengan continuidad y los hijos no biológicos son solo un estorbo por el que no estamos dispuestos a sacrificarnos). Lo que no quita, evidentemente, como recuerda el propio Pinker, que existen muchos padrastros benevolentes con muchísimo mérito.
Por no hablar del conocimiento de que los adolescentes siguen mucho más a su grupo de iguales que a sus padres, lo cual rebaja las expectativas paternas de influencia sobre los hijos, pero también desculpabiliza bastante.
Y si eres de los que oyen “ciencia” y te salen sarpullidos (quizás tú no, pero te aseguro que educadores sociales hay unos cuantos) te aseguro que Pinker es menos determinista que muchos profesionales de lo social que explican siempre la conducta humana como un producto de las circunstancias y el medio ambiente. ¡Y mucho menos dogmático que ellos!

El año que viene se celebrará en Cataluña el primer Congreso de Servicios Sociales. Aunque el contenido está todavía en la cocina, parece que la ciencia tendrá un lugar preponderante. Es una gran noticia. Solo tengo un pero: casi siempre que nos hemos acercado desde la educación social a la ciencia ha sido para hablar de sus peligros (las implicaciones éticas, los abusos de las farmacéuticas, los riesgos de la manipulación genética, etc.). No está mal, pero creo que el debate entre profesiones como las nuestras y la ciencia puede ser mucho más fructífero y también en positivo.
Seguramente faltan muchos años para que los descubrimientos en neurociencia se traduzcan en aportaciones concretas a la educación social y a los servicios públicos. Pero estas serán inevitables, tarde o temprano. Nos interpelan sobre conceptos, tan "nuestros", como responsabilidad, libre albedrío, conducta, grupo. Será necesario entonces involucrarnos también en los nuevos discursos. O eso o esperar a que algunos políticos hagan una lectura interesada o manipulada de los avances científicos para recortar en derechos. Aunque sea un apasionado del tema, creo que esas mismas aportaciones de la ciencia solo serian aceptables si sirven para dar una atención más justa y humana al ciudadano, no para lo contrario.

De momento, y a la espera de noticias, a mi todo esto me ha hecho dudar de algunas certezas y explicaciones del ser humano que hemos dado como ciertas hasta ahora. Yo no se tú, pero mientras más leo a gente como Pinker o Eagleman, miro a los ciudadanos que vienen a servicios sociales, a mí mismo, con otros ojos.

* Este post es parte de la charla que mantuvimos el pasado miércoles en el Consell Comarcal de La Selva, con trabajadores y educadores sociales de los Servicios Sociales. Entre otra bibliografía, los ejemplos que explico aquí están sacados de dos libros: Incógnito,  del neurocientífico Davi Eagleman y , Cómo funciona la mente, de Steven Pinker

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* Apunten en sus agendas la obra de teatro De cartones y hombres, el 7 de junio en la Sala Almazen. La semana que viene les cuento las buenas críticas que está teniendo esta pequeña joya de mi brother, Rafa Sánchez. 












jueves, 2 de mayo de 2013

y la semana que viene...¡HABLAREMOS DE LA CIENCIA!



* Cartel de la semana de la ciencia de Benicarló, obra de Anna Fonollosa. 

Alaska, 2 de mayo de 2013, 

Nuestra coordinadora ha tenido una buena idea.  Cada miércoles primero de mes, en la reunión habitual de todo el equipo y de forma voluntaria, uno de nosotros dará una pequeña charla sobre algún tema relacionado con el trabajo y con sus habilidades o conocimientos. Me parece fantástico. Una forma de aprovechar el potencial de las personas, de compartir, de motivar , de hacer equipo. 
La primera iba de filosofía (uno de los educadores es filósofo de formación). Fue una gozada sentir los nombres de Schopenhauer, Nietzsche, Kant, etc. en los servicios sociales. En la segunda, dos compañeras veteranas explicaron cómo era eso de los servicios sociales en los noventa, antes de los ordenadores y de Internet.

Bien, el miércoles que viene me toca a mí. Muchos esperaban que hablara de las TIC. Normal, últimamente voy dando la chapa con el tema a todo ser vivo. Ya no sé si soy un experto o un pesao.
Pero no. Les hablaré de ciencia, otra de mis neuras.

El reto (¡uf!, el reto) es demostrar (¡uf!, demostrar) que los últimos avances en neurociencia o psicología evolutiva nos interpelan y tendrán consecuencias en nuestro trabajo. Convencido  como estoy de que en nuestra disciplina hemos llegado a un punto muerto del que solo saldremos si nos empapamos de lecturas diferentes a las habituales. ¡Uf!


Intentaré hacer un machembrado de ciencia aplicada y recreativa. Un batiburrillo muy poco ortodoxo de mis últimas lecturas: Eagleman, Dawkins, Pinker, Lehrer. A ver cómo me sale, porque soy un vulgar aficionaillo del tema. Un Punset de estar por casa.

¡Glups! ¡Vuestro humilde servidor se mete en cada fregao! 

El jueves te lo cuento chaval. 

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Y no se olviden, este viernes, en el Almazen, Rafa: 




miércoles, 24 de abril de 2013

MATAR A ALGUIEN EMPUJÁNDOLO O APRETANDO UN BOTÓN



Alaska, 24 de abril de 2013,



Quizás lo ha observado alguna vez: una persona a la que conoce, alguien amable, dialogante, razonable, se comporta un día como un energúmeno en alguna red social. Sin motivo aparente, sin mediar provocación. Quizás usted mismo se ha comportado así alguna vez. No hablo solo de lo que suele pasar en las redes sociales cuando la gente interactúa anónimamente y se siente arropada por el grupo (asómese a twitter, que presume de ser una red donde prima el intercambio profesional, y siéntese a contemplar como el pueblo despelleja a alguien cada día).  No, no me refiero solo a eso. Me refiero también a situaciones donde la persona actúa con su identidad real, pero con una agresividad y un lenguaje que nunca hubiera utilizado si la conversación, un debate razonable sobre cualquier tema, se hubiese dado en persona. 

No creo que vaya a descubrir nada nuevo. Seguramente habrá oído decir alguna vez que la comunicación digital es más fría, que las redes 2.0 nunca podrán substituir  lo presencial, etc. Seguramente todo eso es cierto. Pero resulta que he estado estos días leyendo el excelente libro del neurocientífico David Eagleman, Incógnito. Las vidas secretas del cerebro, y en uno de sus capítulos me dije tate, aquí hay tomate.

Se lo resumo muy resumido. En un experimento clásico se pregunta a la gente si estaría dispuesta a  provocar la muerte de un inocente si con eso salva la vida a más personas. La mayoría de la gente dice que sí, por una cuestión de sentido común: es mejor que muera uno que no que mueran muchos. 
Bien. El investigador da una vuelta de tuerca al asunto. Si para salvar a ese grupo de personas, usted tiene que apretar un botón que abre una palanca por la que esa persona inocente cae al vacío, ¿lo apretaría?. Una gran mayoría siguen diciendo que sí, que lo apretaría sin dudarlo. Recuerden, se trata de salvar muchas vidas por una sola.  Bien. Apretemos la tuerca un poco más.¿Y sí, en vez de apretar un botón, es usted el que tiene que empujar a ese inocente al vacío?. Piénselo. Salvará más vidas, usted solo tiene que acercarse y empujarlo. ¿Qué haría? Ummm. La mayoría de personas sometidas al dilema se detienen aquí, piensan, quizás acaben empujando, pero desde luego eso les provoca muchas más dudas que apretar un simple botón, aunque la consecuencia final sea idéntica en un caso y otro. 
Empujar al otro, entrar en contacto físico, nos inmiscuye mucho más, mientras que apretar un botón es algo frío, distante, inhumano.

¿Qué tiene que ver todo esto con las redes sociales?. A lo mejor Eagleman me mata, pero creo que bastante. La conversación internauta adolece de los matices de la conversación presencial. Y , lo que es más importante, adolece de la presencia humana, del contacto físico (y muchas veces visual) con el otro. Al final es apretar un botón, una tecla, enter,  como quien aprieta el botón de una bomba atómica. El propio acto y sus consecuencias se deshumanizan, incluso cuando estamos haciendo algo tan humano como comunicarnos.  
No tengo la solución, pero hay cosas que pueden ayudar a la conversación 2.0. Por ejemplo los emoticonos, una manera, aunque bastante primaria, de ponerle una emoción a un texto que pueda dar lugar a malentendidos.   Recuerdan de vez en cuando que detrás hay una persona escribiendo, no una máquina. También creo que es importante  poner reglas en algunos debates o algún tipo de moderación en los comentarios que nos recuerden que no están permitidos los insultos o las amenazas, por ejemplo. Algo, en todo caso, que haga entrar en acción a la conciencia y que retrase un poco el momento de apretar el botón.

En cuanto al libro de Eagleman, pone en jaque nuestra concepción del libre albedrío  ¿Somos la persona amable que conversa tranquila y pacífica en el bar o la que se explaya como una bestia contra algún personaje famoso en facebook? ¿Somos las dos, o más una que la otra? ¿En qué circunstancias parece que dejamos de ser un poco nosotros mismos, o, al menos, el que nosotros pensamos que somos? ¿Quién manda en nuestra máquina?.

El libro de este científico me ha fascinado y plantea muchísimos interrogantes a una profesión como la nuestra. Pero esto será en próximos capítulos. 

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El viernes 3 de mayo vuelve De Cartones y hombres a la Sala Almazen. Rafa está fantástico. ¡Corran a verla!